El predio ubicado al sur de Funes, en cercanías de la Autopista Rosario–Córdoba, volvió a quedar en el centro de la escena este jueves tras una nueva jornada marcada por humo persistente y olor intenso, producto de focos de quema activos en el lugar.
El episodio se hizo especialmente notorio desde la madrugada, cuando una combinación de viento sudeste, humedad, bajas temperaturas y escasa circulación de aire generó las condiciones para que el humo descendiera y permaneciera suspendido a baja altura, afectando sectores urbanos y el corredor vial.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, se trata de una problemática recurrente que reaparece todos los años con la llegada del otoño, cuando determinadas condiciones meteorológicas agravan la permanencia de emisiones contaminantes. El Occidental viene alertando de manera sostenida sobre esta situación desde hace años, advirtiendo sobre el impacto ambiental y sanitario de un predio que excede ampliamente el uso formal que le fue asignado.

De hecho, la última publicación de este medio sobre el tema fue el pasado 5 de mayo, exactamente diez días atrás, cuando ya se advertía que el espacio —formalmente destinado a restos verdes— exhibía características propias de un basural a cielo abierto sin control.
Las imágenes relevadas muestran descarga directa de residuos desde camiones municipales, además de focos de combustión activos, sin infraestructura visible de tratamiento, separación o mitigación ambiental.
El terreno, próximo a la autopista y cedido durante la gestión de Omar Perotti, debía destinarse originalmente a disposición de restos verdes. Sin embargo, el funcionamiento observado presenta indicadores que, desde el punto de vista técnico, corresponden a un esquema de disposición final no controlado.
La quema a cielo abierto genera material particulado, monóxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles, con impacto directo sobre la calidad del aire y potencial afectación sobre sectores urbanos según las condiciones del viento.
A esto se suma la ausencia de impermeabilización del terreno, lo que habilita la formación de lixiviados derivados de la descomposición de residuos, con riesgo de infiltración en el suelo y eventual contaminación de napas subterráneas y recursos hídricos.
La falta de clasificación, cobertura y control de escurrimientos consolida además un esquema de disposición sin tratamiento adecuado.
El contraste político resulta inevitable. Mientras el intendente despliega agenda institucional y recibe a mandatarios municipales visitantes en el marco de encuentros de gestión para exhibir en su distrito “humeante”, el crecimiento urbano local y desarrollos impulsados por el sector privado, continúa sin resolución un pasivo ambiental de alto impacto dentro del propio ejido urbano, en un predio donde incluso el propio municipio continúa depositando residuos.














