Con la estructura principal ya terminada, Galinda! empieza a mostrar con claridad la forma que tendrá el desarrollo de Fundar en Funes. Ahora, la obra avanza sobre terminaciones, paisajismo, iluminación y señalética, mientras el paseo comercial se convierte en uno de los sectores más visibles del proyecto, con sus locales y circulaciones peatonales ya definidos.
El proyecto ocupa 13.000 m² y fue pensado desde el inicio como una propuesta de usos mixtos. Dentro del conjunto, el paseo comercial ocupa un lugar central en la propuesta. Son 39 locales distribuidos en unos 5.000 m², entre planta baja y entrepiso, pensados para adaptarse a distintos tipos de actividades y acompañados por un recorrido peatonal, espacios verdes y una pérgola que recorre el perímetro.
“Galinda es un emprendimiento que propone en Funes un desarrollo con una mixtura de usos. Es un desarrollo de 13.000 metros cuadrados en donde podemos encontrar locales comerciales, pero también tiene oficinas y viviendas”, explica la arquitecta Victoria Verger.
La intención, agrega, es que esa combinación permita generar distintas formas de uso a lo largo del día: “La búsqueda es poder armar una forma de vivir Funes centrado en este espacio en donde podemos encontrar a lo largo del día distintas formas de habitar este complejo”.

Un paseo comercial que empieza a tomar forma
El sector comercial es uno de los componentes que más cambió en los últimos meses. La arquitecta Melisa Jazin explica que los 39 locales fueron proyectados para poder adaptarse a diferentes rubros.
“El paseo comercial ofrece lugar para 39 locales comerciales en una superficie de 5.000 metros cuadrados aproximadamente, entre planta baja y entrepiso. Se ofrecen lugares adaptables a diferentes rubros”, señala.

Entre las actividades que podrían instalarse aparecen gastronomía, indumentaria y concesionarias, además de servicios y otros formatos comerciales. De hecho, desde Fundar aseguran que ya recibieron consultas de distintos sectores y que avanzaron con algunas marcas.
Los locales fueron diseñados para funcionar de manera independiente, con los servicios necesarios para cada actividad y la posibilidad de unificar distintas unidades. A su vez, cada uno cuenta con un entrepiso que ocupa aproximadamente el 60% de la superficie de la planta baja.
Para los locales gastronómicos se contemplaron instalaciones específicas, como suministro de gas, tiraje y condiciones de infraestructura adecuadas para cocinas profesionales.
Pero el paseo no se limita a los locales. Uno de los recursos centrales del proyecto es la circulación exterior: una pérgola recorre todo el perímetro, acompañada por sectores verdes que generan espacios de estancia y permiten extender la actividad de los comercios hacia el exterior.
“Todo el perímetro sería como esta U y todo esto, que es lo principal, tiene el espacio pergolado, que con todos los locales se puede recorrer alrededor, al resguardo de ese pergolado”, explican las arquitectas durante el recorrido por la obra.
La propuesta incorpora además lenguas verdes y arbolado que acompañan el recorrido peatonal y generan pequeños espacios donde los locales podrán disponer mesas y expansiones.


Una calle nueva, bicisenda y 180 lugares de estacionamiento
El funcionamiento del paseo también requirió resolver cómo llegar y cómo circular alrededor del complejo. Para eso, el proyecto incorporó una calle cedida, estacionamiento y una bicisenda, además de un nuevo acceso semaforizado.
“Galinda también cuenta con 180 lugares para estacionar, entre autos y motos, en todo el perímetro de la manzana”, explica Verger. A esto se suman unas 65 cocheras privadas destinadas a las viviendas, ubicadas en un sector semienterrado.
La calle de acceso fue pensada con doble sentido de circulación y baja velocidad, mientras que la vereda, los canteros y la bicisenda acompañan el recorrido. También se contemplaron espacios para bicicletas, motos y sectores específicos para el ascenso y descenso de servicios de delivery.
Según Jazin, “se incorporó también un semáforo que ayuda un poco al acceso a esta nueva calle, que va a ser de carácter más peatonal o de baja velocidad para autos”.
La vegetación también cumple una función en este sector: “Todo rodeado por canteros con nuevas especies de árboles, con mucha vegetación, que van a separar un poco el paseo comercial y el flujo peatonal de los autos”, describe.

38 oficinas para sumar otra actividad a Funes
En el otro componente que cobra protagonismo aparecen las oficinas. El proyecto contempla 38 unidades, concentradas en un bloque independiente que se integra al paseo comercial y al sector residencial.
La arquitecta Stefania Biasetton explica que la incorporación de oficinas responde justamente a la lógica de usos mixtos que atraviesa todo el proyecto.
“Son 38 oficinas. La idea era también traer una alternativa programática debido a la expansión que hubo en Funes, para poder traer también, como parte de la mixtura de usos que estamos buscando para este lugar, la alternativa de poder trabajar”, señala.
El bloque corporativo tendrá sus propias amenidades, entre ellas sala de reuniones y espacios comunes de apoyo. Uno de sus elementos particulares será además un ascensor panorámico, con iluminación natural desde la parte superior del edificio.
Así, la planta baja queda destinada íntegramente al área comercial, mientras que el conjunto se organiza en dos grandes sectores: uno con oficinas en las plantas superiores y otro destinado a las viviendas.
Las viviendas, integradas al verde
Aunque en esta etapa el paseo comercial concentra buena parte de la atención, el desarrollo se completa con 54 viviendas de uno, dos y tres dormitorios.
El sector residencial tiene un acceso diferenciado y se organiza alrededor de un parque interno. Una de las decisiones del proyecto fue ubicar las cocheras en un nivel semienterrado para liberar la superficie superior y convertirla en espacio verde.
La propuesta residencial suma además piscina, gimnasio, quinchos, parrilleros, salón de usos múltiples, laundry y espacios verdes, con amenidades pensadas como lugares de encuentro y expansión.
Uno de los recursos arquitectónicos que se repite en los edificios son los halls de múltiple altura. Las 54 viviendas se distribuyen en tres núcleos de acceso, cada uno con su propio hall, ascensores y escaleras.

La intención, cuentan las arquitectas, fue evitar que el ingreso a las viviendas fuera simplemente un recorrido por pasillos. Por eso incorporaron luz natural, vegetación, iluminación y espacios de estancia, además de patios interiores en algunos sectores.
“Tratamos de pensarlo como lugares de expansión y de vida, tanto en los exteriores como también en los interiores de las viviendas”, explica Biasetton al hablar del papel que tiene el verde dentro del proyecto.
Una identidad que empieza a verse
Con el avance de la obra, la idea de Fundar empieza a ser más visible en el conjunto: un paseo comercial abierto hacia el entorno, oficinas para sumar actividad laboral y un sector residencial vinculado al parque y los espacios verdes.
En el área comercial, mientras tanto, el proyecto ya entró en una etapa de definiciones vinculadas al paisajismo, la iluminación y la señalética.
La apuesta, en definitiva, es que Galinda no funcione solamente como un conjunto de locales, oficinas y departamentos, sino como un lugar donde esas actividades puedan convivir y generar movimiento durante distintos momentos del día. Y es justamente el paseo comercial, que hoy es uno de los sectores más visibles de la obra, el que comienza a darle forma concreta a esa idea.












