Funes: las zonas altas y los reservorios de los barrios retuvieron agua, pero preocupa que nuevas lluvias encuentren suelos saturados

El temporal superó los 90 milímetros y su intensidad sobrepasó los desagües locales. Las lagunas de algunos barrios y la capacidad de absorción de los terrenos elevados moderaron los aportes hacia los canales. El antecedente de 2012 explica la preocupación ante una seguidilla de tormentas.

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La tormenta que dejó más de 90 milímetros en Funes provocó anegamientos por la concentración de una gran cantidad de agua en poco tiempo. Los desagües urbanos recibieron un volumen que no pudieron evacuar con suficiente rapidez, aun cuando los terrenos periféricos todavía conservaban capacidad para absorber y retener parte de la precipitación.

El relieve también interviene en ese recorrido. Funes se asienta sobre la loma de Ávila, cuya pendiente influye en la forma en que se desplaza el agua. Entre los sectores de mayor altura se encuentran los barrios de Funes Hills y Kentucky. Desde las áreas elevadas, el agua escurre hacia terrenos más bajos y, cuando encuentra superficies más planas, pierde velocidad y demora más en evacuarse.

Reservorios sin desbordes

Un recorrido por los alrededores de Kentucky permite comprobar que el barrio retuvo en sus reservorios el agua precipitada, sin desbordes hacia sus límites externos. Las lagunas internas tuvieron capacidad para almacenar la lluvia y evitar que ese volumen se sumara al escurrimiento fuera del predio.

Los campos altos de la zona tuvieron un comportamiento similar: conservaron capacidad de absorción y retuvieron agua en las depresiones naturales del terreno. Esa combinación moderó los aportes hacia los canales y la represa, por lo que la zona de Damfield tampoco se vio comprometida por el agua proveniente de esos sectores. Durante el temporal, el camino del sector no se cortó.

Los suelos no estaban completamente saturados y las lagunas naturales todavía tenían espacio disponible. Así, una parte de la precipitación pudo infiltrarse y otra quedó almacenada, sin convertirse inmediatamente en un caudal que avanzara hacia los canales y la represa.

Por eso, aunque hubo problemas para evacuar la lluvia caída sobre la ciudad, en los sectores observados los canales no rebalsaron y no se esperaba una llegada importante de agua desde los campos durante la jornada siguiente.

En Funes Lakes, las lagunas también conservaron capacidad de almacenamiento y no hubo anegamientos internos. La situación fuera del barrio, en cambio, mostró otro comportamiento con desborde en zanjas y zonas anegadas.

Qué cambia si vuelve a llover

La capacidad de retención disminuye cuando las lluvias se suceden con poco tiempo entre una y otra. Una primera tormenta puede encontrar terrenos capaces de absorber parte de la precipitación, mientras que la siguiente llega a suelos más húmedos y lagunas con menos espacio disponible. Si además sube la napa, se reduce aún más el margen para absorber nueva agua.

Cuando los suelos se saturan y las lagunas y reservorios se llenan, una mayor proporción de la lluvia comienza a correr por la superficie hacia los canales y la represa. Lo que en este temporal quedó retenido puede, bajo esas condiciones, transformarse en un aporte adicional al sistema de desagües.

Ese cambio explica la importancia del antecedente de 2012, cuando Funes sufrió graves inundaciones en octubre y diciembre. En aquel diciembre, la región atravesó varios días de lluvia, con terrenos sin capacidad para absorber más agua y nuevos aportes desde los campos.

La preocupación hacia diciembre está puesta, entonces, en una posible seguidilla de tormentas importantes. Una lluvia similar a la actual puede tener consecuencias diferentes si encuentra los suelos saturados y las lagunas llenas: habrá menos capacidad para retenerla y más agua llegará al sistema de canales.

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