Funes se prepara para sumar una nueva pieza a un mercado corporativo que empieza a ganar escala y sofisticación. Dentro de Calmo se proyecta un complejo premium que combinará oficinas categoría AAA, locales comerciales y gastronómicos de doble altura y grandes superficies con frente a la autopista, bajo un concepto que busca integrar arquitectura, trabajo, servicios y bienestar en un mismo lugar.
El desarrollo es impulsado por la familia Piscione, mientras que el proyecto arquitectónico lleva la firma de Jorge Fonturbel, Tomás Fonturbel y Bruno De Giorgio. Se desplegará sobre dos lotes que totalizan 9.545 m², con cerca de 100 metros de frente sobre la autopista. Cada lote contará con tres módulos de edificios de planta baja y tres pisos.
La escala, sin embargo, no estará dada por cuánto se construya sino por la calidad con que se ocupe el predio. Las torres corporativas tendrán una incidencia de apenas alrededor del 30% sobre el suelo, liberando buena parte de la superficie para espacios abiertos, senderos y un paisajismo sofisticado, con la vegetación concebida como parte de la composición del conjunto y destinada a potenciar la elegancia arquitectónica del proyecto.
Esa búsqueda estética tendrá continuidad en la materialidad de los edificios. Hormigón, hierro, piel y vidrio definirán una arquitectura contemporánea, de líneas depuradas, pensada para darle al complejo una identidad corporativa reconocible y un posicionamiento claramente premium.

Una gran vidriera sobre la autopista
En planta baja se desarrollarán locales comerciales y gastronómicos de doble altura, mientras que sobre los 100 metros de frente a la autopista se concentrarán espacios de grandes superficies y amplios paños vidriados.
La particularidad es que la estructura que mira hacia la autopista quedará elevada a una cota que acompaña la altura del corredor, de modo que los frentes comerciales ganarán exposición y presencia visual. Esa decisión arquitectónica potencia el efecto de gran vidriera y jerarquiza especialmente a los locales orientados hacia la autopista.
Por escala, altura y visibilidad, esos espacios resultan especialmente atractivos para concesionarias y marcas que requieran grandes superficies, alta exposición y una localización de fuerte impacto comercial.
Las oficinas AAA tendrán ingresos independientes y se comercializarán mediante un esquema modular. No habrá superficies predeterminadas, sino que cada empresa o inversor podrá configurar los metros cuadrados de acuerdo con sus necesidades a partir de la integración de módulos.
El programa corporativo incorporará además vestuarios y duchas. El estacionamiento tendrá un peso central en la propuesta: el complejo contará con aproximadamente 300 plazas en cocheras subterráneas, además de espacios preparados para la carga de vehículos eléctricos.

Trabajar, almorzar, caminar y hacer una pausa
El concepto busca alejarse del edificio de oficinas entendido exclusivamente como lugar de trabajo. La propuesta apunta a que la jornada pueda transcurrir dentro de un entorno que permita trabajar, bajar a almorzar, caminar, tomar un café o simplemente hacer una pausa, integrando actividad corporativa, gastronomía y espacios abiertos en una misma experiencia cotidiana.
El paisajismo adquiere allí una función que excede lo ornamental. Senderos, vegetación y áreas de permanencia serán parte de una propuesta que busca incorporar bienestar a la rutina laboral y, al mismo tiempo, construir una estética diferencial para el complejo.
La ubicación, el activo difícil de replicar
Si la arquitectura define el producto, la ubicación aparece como su principal fortaleza competitiva. El predio combina acceso prácticamente inmediato a la autopista con una rápida entrada y salida de Funes, una condición particularmente valiosa para compañías cuyos equipos, clientes o proveedores se desplazan entre Rosario, Funes y otros puntos de la región.

Preventa en noviembre, con una definición respaldada por estudio de mercado
La preventa comenzará en noviembre próximo, luego de una etapa de definición del producto apoyada por un estudio de mercado encargado a MEC Consultores.
En diálogo con El Occidental, Alejandro, Bruno y Mauro Piscione explicaron que la consultora analizó el potencial real de la demanda de oficinas en Funes y terminó llegando a una conclusión que coincidió con la idea inicial de la familia: ese era el lugar y el proyecto debía apuntar a una categoría superior.
El estudio reforzó así una percepción que los Piscione ya venían observando en el mercado: existe espacio para ofrecer en Funes un producto corporativo con estándares comparables a los que hoy concentra Puerto Norte, pero con una ecuación distinta de accesibilidad, entorno, infraestructura y calidad de uso.
Los Piscione conocen, además, el mercado de servicios de la ciudad desde otra actividad: la familia es propietaria del Howard Johnson de Funes, una experiencia que les aporta una lectura directa sobre la evolución del perfil empresarial, comercial y de servicios que acompañó el crecimiento de la región.
Otro atributo relevante estará debajo del suelo. Por su emplazamiento dentro de Calmo, el desarrollo cuenta con agua, gas y cloacas, infraestructura que adquiere especial valor en una ciudad donde la cobertura simultánea de los tres servicios todavía no alcanza a todo el tejido urbano.
La construcción estará además atravesada por principios de sustentabilidad, tanto en la concepción de los edificios como en la baja ocupación del predio, el protagonismo del paisajismo y la incorporación de infraestructura para nuevas formas de movilidad.
El resultado apunta a configurar un complejo corporativo premium que no compita únicamente por metros cuadrados. La apuesta está puesta en la suma de arquitectura, estética, conectividad, paisaje, infraestructura y servicios, con un producto flexible capaz de adaptarse a distintas escalas empresariales.











