Un robo en el local Soy Lola, ubicado sobre Ruta 9 en Funes, volvió a poner el foco en modalidades de rápida ejecución y blancos específicos. Los autores se llevaron dinero en efectivo y fragancias importadas, dos objetivos que combinan valor y facilidad de traslado.
Según pudo reconstruir El Occidental a partir de información recabada en el lugar, los delincuentes forzaron el ingreso por la parte trasera del local y avanzaron directamente sobre la mercadería y el efectivo. La recaudación del sábado se encontraba resguardada en una caja de seguridad dentro del comercio.
La secuencia sumó un elemento que complejiza la investigación: siempre de acuerdo con esa reconstrucción, la energía habría sido interrumpida desde la caja exterior, una maniobra que obstaculiza el aporte de cámaras y otros registros asociados al sistema eléctrico.
Alarma activada y hallazgo posterior
La alarma sonó y la policía se hizo presente, pero en ese momento no se detectó nada fuera de lo normal y la situación se interpretó como una posible falsa alarma. El robo se confirmó más tarde, cuando ingresó el personal y encontró el comercio violentado y con faltantes.
El contexto: una seguidilla que también golpea a barrios cerrados
El caso se inscribe en un escenario de inseguridad en ascenso en Funes, donde en las últimas semanas también se registraron episodios resonantes en barrios cerrados. Fuentes del sector de seguridad privada vienen advirtiendo sobre golpes ejecutados en ventanas horarias cortas, con ingresos y egresos de baja exposición, y una lógica que prioriza la efectividad antes que la permanencia.
En ese marco, especialistas describen un perfil operativo que se repite en distintos hechos: grupos coordinados, con movimientos sincronizados, que se desplazan con rapidez y sigilo, suelen utilizar vestimenta oscura, capuchas o cascos y guantes para evitar rastros. También aprovechan sectores con sombra o baja visibilidad y puntos ciegos del monitoreo, reduciendo al mínimo el tiempo dentro del objetivo.
El robo en el comercio de Ruta 9 incorpora, además, un punto sensible para la investigación: el presunto corte de energía desde el exterior, una maniobra que no apunta solo al ingreso, sino también a limitar evidencia y dificultar reconstrucciones posteriores a partir de registros de video.













