Una sucesión de robos en barrios privados del corredor metropolitano encendió las alarmas sobre la seguridad en urbanizaciones cerradas de Funes, Roldán, Zavalla, Ibarlucea, Fisherton y Piñero. Distintas urbanizaciones registraron ingresos nocturnos, golpes rápidos y una modalidad que especialistas describen como un “sello profesional”, con patrones operativos prácticamente idénticos entre sí.
La situación viene profundizándose desde el año pasado, con una frecuencia creciente de hechos que comparten la misma lógica delictiva y exhiben un salto cualitativo en el nivel de organización.
Los hechos más resonantes se concentraron en Los Raigales (Roldán), Funes Hills Cadaqués (Funes), Barrio Vida (Funes), el club de campo Los Álamos (Ibarlucea), sectores residenciales de Zavalla, el country Carlos Pellegrini (Fisherton, Rosario) y Piñero (La Carolina), conformando un mapa de hechos conectados por una misma lógica operativa.
Inteligencia previa, casas marcadas y selección quirúrgica del objetivo
Fuentes del sector de seguridad privada coinciden en que los grupos que están operando no actúan al voleo.
Realizan observación previa, identifican viviendas sin alarma, analizan horarios de menor circulación interna y eligen rutas con baja visibilidad para los ingresos y egresos.
“Hay análisis previo, objetivos marcados y ejecución en tiempos muy breves”, sintetizan técnicos consultados.
Además, existe consenso entre especialistas: las casas con alarma activa funcionan como un anillo independiente de protección que, por el momento, los delincuentes evitan. La selección de viviendas sin sistema propio es un patrón constante.
Accionar profesional: vestimenta táctica, sigilo y movimientos sincronizados
Registros de cámaras de distintos barrios muestran patrones que apuntan a un nivel de preparación poco habitual:
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Vestimenta negra, encapuchados o con cascos
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Guantes, evitando cualquier rastro
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Movimientos coordinados, sin dispersiones
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Desplazamientos rápidos y silenciosos
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Condición física visible
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Aprovechamiento de sectores internos con sombra o baja visibilidad
Desde el sector de seguridad privada advierten que la operatoria exhibe un sello profesional.
“Lo que vemos es gente entrenada. Muy organizados, muy profesionales. Desde la vestimenta hasta la forma de moverse”, describen técnicos que monitorean cámaras en distintos barrios del corredor metropolitano.

Un fenómeno que se expande más allá de la región
Profesionales que trabajan en urbanizaciones del interior del país sostienen que el fenómeno no se limita al Gran Rosario.
La misma modalidad —planificación previa, casas sin alarma, ventanas horarias cortas y grupos con entrenamiento— aparece también en ciudades como Córdoba, Bahía Blanca y Santa Fe, además de provincias como Mendoza y Neuquén.
Factores de vulnerabilidad más repetidos
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Casas sin alarma domiciliaria, blanco prioritario por la ausencia de un anillo propio de detección.
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Fallas de mantenimiento en iluminación, cámaras o sensores perimetrales.
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Vegetación o desniveles que generan puntos ciegos.
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Zonas internas con baja visibilidad o monitoreo limitado.
Barrios y localidades involucradas
(corresponde a los hechos que tuvieron mayor resonancia pública)
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Los Raigales (Roldán)
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Cadaqués (Funes)
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Barrio Vida (Funes)
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Carlos Pellegrini (Fisherton, Rosario)
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Los Álamos (Ibarlucea)
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La Antonela (Zavalla)
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La Carolina (Piñero)















