Emiliano Sacco, el artista detrás de “Semilla de Kalanit”, la obra que llevará la memoria de Nova a Mendoza

En el Día del Artista Plástico, el escultor rosarino cuenta a El Occidental cómo nació la obra que integrará el Parque Homenaje Nova, en Mendoza. El proyecto, impulsado por KKL y la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, cuenta con el acompañamiento de Néstor Rozin, de Rogiro y Galea

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Cada obra tiene una historia detrás. Algunas nacen de una búsqueda personal; otras, de una idea que aparece después de años de trabajo. Y también están aquellas que llegan de manera inesperada y terminan convirtiéndose en experiencias especialmente significativas para quien las crea.

En el Día del Artista Plástico, que se celebra este 21 de septiembre, el escultor rosarino Emiliano Sacco cuenta a El Occidental cómo fue el proceso detrás de Semilla de Kalanit, la obra monumental que formará parte del Parque Homenaje Nova, en la Ciudad de Mendoza.

El proyecto surgió a partir de una iniciativa de KKL, que buscaba un artista para realizar un homenaje a las víctimas del Festival Nova. El contacto con Sacco se produjo a través de Néstor Rozin, titular de Rogiro Aceros y Galea, quien fue el nexo entre el escultor y la organización y tuvo además un rol concreto en la realización de la obra.

Yo soy un gran creyente de la suerte y las cosas se cruzan en el camino”, cuenta Sacco al recordar cómo comenzó esta historia.

Rozin fue quien lo llamó para contarle que desde KKL estaban buscando un artista para realizar el homenaje. Después del primer contacto y de conocer su trabajo, comenzó una etapa de intercambio para definir cómo abordar un tema especialmente sensible.

El tema es muy complejo de abordar”, reconoce el escultor.

La primera propuesta no terminó de convencer al equipo y fue necesario volver a pensar el concepto. El punto de inflexión llegó cuando Sacco viajó a Mendoza, conoció el espacio donde se emplazará el memorial y pudo conversar personalmente con integrantes de KKL sobre el sentido que buscaban darle al proyecto.

La intención era homenajear específicamente a quienes habían perdido la vida durante el Festival Nova, muchos de ellos jóvenes que habían asistido a un festival de música electrónica.

En ese momento apareció una imagen que terminó siendo determinante para Sacco: las flores de Kalanit que fueron plantadas en el lugar del atentado, realizadas en distintos materiales.

El artista encontró allí el vínculo con una serie escultórica que ya venía desarrollando bajo el nombre Semilla. Una de esas obras se encuentra en Portugal y otra en Funes, en la Rotonda de Galindo y Fuerza Aérea.

Esto es una semilla que está germinando, pero está germinando florecida”, explica Sacco.

 

Una semilla que habla de memoria y esperanza

La escultura fue concebida a partir de la idea de una semilla que germina y florece. Su estructura está realizada con planos laminados de metal que se abren para revelar en su interior la flor de Kalanit, mientras que sobre las láminas estarán incorporados los 378 nombres de las víctimas.

Para Sacco, incluir cada nombre fue uno de los desafíos más importantes.

El desafío era cómo hacíamos mucho más explícito el homenaje puntual a cada uno de los caídos, sin caer en que el mensaje, a pesar de que es conmemorativo y que tenga esa potencia, siga siendo un mensaje esperanzador, siga siendo un mensaje constructivista y no pesimista”, explica.

Los nombres permiten, además, que la obra genere una relación diferente con quienes la visiten.

La gente empieza a dialogar directamente con ese nombre y a lo mejor despierta y pregunta quién fue y se conecta con su historia”, señala.

La escultura estará acompañada por el Bosque KKL Nova, que contempla la plantación de 378 árboles, uno por cada víctima. La iniciativa es impulsada por KKL Argentina con el apoyo de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza.

Para Sacco, la presencia del bosque terminó de completar el sentido de la obra.

La obra se llama Semilla, es una semilla germinando, floreciendo, tiene mucho que ver con eso, está completamente relacionado y vinculado”, sostiene.

El artista incluso ya imagina cómo será el conjunto cuando el bosque haya crecido: “Me la imagino hermosa la obra, tapada por un bosque y la gente descubriéndola, luz que pasa entre medio de las hojas, de las ramas”.

Ese vínculo entre la escultura y la naturaleza también dialoga con el trabajo que desarrolla KKL, una organización con trayectoria internacional en forestación, desarrollo ambiental, educación y fortalecimiento comunitario.

Un trabajo colectivo

Aunque la obra lleva la firma de Sacco, el artista destaca que su realización fue necesariamente colectiva.

Siempre en equipo porque no hay forma de que no sea en equipo un encargo”, afirma.

En ese recorrido, además de KKL y la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, destaca especialmente el papel de Néstor Rozin, quien no solo generó el vínculo inicial, sino que también acompañó materialmente el proyecto.

A través de Rogiro Aceros se realizó la donación de material para la obra, mientras que Galea acompañó parte de la ejecución.

La verdad que yo estoy muy conforme con la obra, y así ha sido la recepción de todos, de la gente de KKL, del principal donante que fue Néstor Rosín, que fue el gestor de esta relación, de este vínculo, de la Municipalidad de Mendoza, de la gente de Mendoza”, destaca Sacco.

La obra se encuentra actualmente en la etapa final de ejecución y montaje y tiene prevista su inauguración el 9 de octubre.

Una experiencia especial para el artista

Con una trayectoria que comenzó a los 16 años y que lo llevó a realizar obras y viajes vinculados con la escultura en distintos lugares del mundo, Sacco reconoce que esta experiencia tuvo además un significado personal: la posibilidad de trabajar en Argentina con plena libertad creativa.

La limitante nunca estuvo. Fue como: Emiliano, pensar libremente, abordar el tema libremente”, relata.

En este Día del Artista Plástico, Semilla de Kalanit aparece así como una obra que reúne varias dimensiones de la trayectoria de Sacco: la escultura, la experimentación con los materiales, el vínculo con la naturaleza y, especialmente, la posibilidad de transformar una historia dolorosa en una expresión de memoria, vida y esperanza.

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