La crisis de la vitivinicultura argentina dejó de ser una advertencia para convertirse en una sucesión de hechos concretos. Tras el concurso preventivo de Bodega Norton, ahora Bodegas Bianchi, uno de los nombres históricos del vino nacional, quedó envuelta en una delicada situación financiera que encendió nuevas alarmas en la industria. El denominador común ya no es sólo la baja del consumo, sino una ruptura progresiva de la cadena de pagos que amenaza con extenderse.
Según registros oficiales del Banco Central, la compañía acumula 80 cheques rechazados por más de $1.012 millones, concentrados en las últimas semanas de 2025 y comienzos de 2026. Si bien la empresa aún figura sin atrasos formales en su deuda bancaria, el volumen de documentos impagos expone una fuerte tensión de liquidez, en un negocio cada vez más demandante en capital de trabajo.
El caso remite al reciente colapso financiero de Bodega Norton, que a fines de 2025 solicitó concurso preventivo con pasivos superiores a u$s30 millones, más de 100 cheques rechazados y atrasos generalizados con proveedores. En el sector reconocen que aquel episodio marcó un quiebre: lo que parecía un problema puntual comenzó a leerse como una crisis sistémica.
Señales de alerta en una industria asfixiada
La situación de Bianchi se inscribe en un escenario donde los números dejaron de cerrar. Durante 2025, el precio de la uva subió con fuerza en Mendoza, impulsado por menores volúmenes y mayores costos productivos. Ese aumento se trasladó a góndolas en un contexto de consumo interno en retroceso, lo que derivó en caída de ventas y deterioro del flujo de caja de las bodegas.
A ese cuadro se sumó un frente externo cada vez más adverso. Las exportaciones argentinas de vino cerraron 2025 en su peor nivel de la década, con ventas por u$s661 millones, afectadas por un tipo de cambio real bajo, costos en dólares en alza y pérdida de competitividad frente a otros orígenes. La industria quedó atrapada entre precios que el mercado no convalida y costos que no dejan margen para absorber pérdidas.
En ese contexto, Bodegas Bianchi mantiene una deuda financiera cercana a los $18.661 millones, con exposición en entidades como Banco Nación, Banco Provincia, Banco Macro y Banco Supervielle. Aunque hasta noviembre figuraba en situación “normal”, fuentes del sector advierten que la foto bancaria aún no refleja el deterioro operativo reciente.
El mensaje de la empresa y el temor al efecto dominó
Frente a la difusión de su situación financiera, la empresa buscó llevar tranquilidad al mercado. En un comunicado oficial, Bodegas Bianchi afirmó que “reafirma su compromiso con la transparencia y la buena fe” y que trabaja en una propuesta de regularización integral para atravesar lo que definió como una “coyuntura excepcional” de la vitivinicultura. Además, confirmó la apertura de instancias de diálogo con proveedores y acreedores para ordenar su situación sin afectar la continuidad operativa.
Sin embargo, el clima en la cadena productiva es de creciente preocupación. Productores, contratistas y proveedores de insumos temen un efecto dominó, especialmente entre viñateros que ya operan con márgenes mínimos y escaso acceso al financiamiento.
La presión financiera ya obligó a la compañía a tomar decisiones de fondo. A mediados de 2025, Bianchi vendió una finca de unas 100 hectáreas en San Rafael, histórica proveedora de uvas y ligada a los orígenes de la familia fundadora. La operación, cerrada en torno a u$s10 millones, permitió aliviar compromisos inmediatos, aunque no alcanzó para revertir el deterioro general de la caja.
Lejos de ser un caso aislado, en la industria reconocen que la venta de activos productivos comenzó a funcionar como una válvula de escape recurrente frente a un modelo de negocios cada vez más tensionado. Con mercado interno deprimido, exportaciones en retroceso y costos que corren por delante de los precios, el margen de maniobra se achica incluso para bodegas emblemáticas, y los casos de Norton y Bianchi aparecen como señales de alerta de una crisis más profunda que, para muchos, recién está empezando











