Un nuevo edificio en el casco histórico de Funes vuelve a poner al centro en el mapa inmobiliario

En la esquina de General López y Santa Fe, un proyecto en venta en pozo apuesta por densificar el centro histórico y recuperar la lógica de la walking distance.

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Durante la última década, el crecimiento inmobiliario en Funes se concentró mayoritariamente en zonas de expansión, con barrios cerrados, condominios y desarrollos residenciales localizados en la periferia urbana. En ese proceso, el casco histórico fue perdiendo protagonismo como destino de nuevas inversiones edilicias, especialmente en lo que respecta a proyectos en venta en pozo, una modalidad que prácticamente desapareció del centro de la ciudad.

En ese contexto, la aparición de un nuevo edificio residencial en pozo dentro del casco histórico, ubicado en la esquina de General López y Santa Fe, introduce un dato relevante para el mercado inmobiliario local. No se trata solo de una nueva obra, sino de la reaparición de producto nuevo en un sector urbano consolidado, algo poco frecuente en Funes en los últimos años.

La localización no es un detalle menor. A diferencia de la mayor parte de los desarrollos recientes —emplazados en áreas donde la distancia y la configuración urbana vuelven imprescindible el uso del automóvil— el centro histórico conserva una lógica urbana basada en la proximidad. La posibilidad de acceder caminando a comercios de cercanía, servicios profesionales, gastronomía, instituciones y equipamiento urbano sigue siendo una de las principales ventajas del viejo núcleo de la ciudad.

Ese atributo, asociado al concepto de walking distance, fue quedando relegado frente al avance del crecimiento periférico. Sin embargo, desde el punto de vista urbano y residencial, vuelve a ganar valor: vivir en el centro permite reducir desplazamientos, simplificar rutinas cotidianas y sostener una relación directa con la ciudad, una condición difícil de replicar en los nuevos enclaves alejados del área central.

Desde la mirada del producto, el proyecto incorpora 18 departamentos en venta en pozo orientados a vivienda permanente, con tipologías de dos y tres dormitorios. Las unidades de dos dormitorios rondan los 80 m², mientras que las de tres dormitorios alcanzan aproximadamente los 112 m², superficies que se alejan del formato compacto típico del inversor de renta y se acercan a un perfil familiar o de usuario final. En términos de valores, el precio de referencia de estas residencias ronda los USD 1450 por metro cuadrado, una cifra que se explica por la combinación entre localización central, tipología y modalidad en pozo. Asimismo, ofrece 18 espacios para estacionar dentro del lote, y espacio de guardado de bicicletas de forma segura y cómoda. 

La propuesta se apoya en una densificación moderada, compatible con el tejido existente. No introduce una torre ni una ruptura tipológica, sino un edificio integrado al casco histórico, con alturas contenidas y una relación directa con la escala del entorno. Desde lo urbano, la operación se apoya en una idea clara: sumar unidades donde ya hay ciudad, aprovechando infraestructura existente y reforzando centralidad.

La reaparición de este tipo de producto en el centro funciona así como una señal dentro del mercado inmobiliario local. En una ciudad donde la oferta nueva se genera mayoritariamente lejos del núcleo histórico, el regreso de proyectos en pozo en esa zona sugiere un cambio de mirada: el centro vuelve a ser considerado no solo como espacio comercial o de servicios, sino también como ámbito residencial contemporáneo.

Más allá del caso puntual, el movimiento reabre una discusión de fondo sobre el modelo de crecimiento de Funes. Frente a una expansión sostenida hacia la periferia, la densificación del casco histórico aparece nuevamente como una alternativa posible, capaz de combinar vivienda nueva, proximidad urbana, reglas claras y una forma de habitar la ciudad basada en la escala peatonal.

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