El imperio del helado barato

De un error de naming a más de 1700 locales: Grido, la cadena nacida en Córdoba apuesta a convertirse en una alimenticia integral y expandirse en la región.

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Grido es hoy la cadena de heladerías más grande de la Argentina y una de las más extensas del mundo, con más de 1700 locales activos. Su historia comenzó a principios de los años 2000, en plena crisis económica, con una premisa clara: democratizar el consumo de helado mediante precios accesibles. Desde Córdoba, la familia Santiago transformó un pequeño emprendimiento en un gigante del negocio congelado que ahora busca consolidarse como marca alimenticia.

La familia tenía antecedentes en el rubro desde la década del 20, cuando Lucas Santiago distribuía helados Laponia. Años después, sus hijos se orientaron a la producción de insumos y montaron una fábrica de cucuruchos. El punto de quiebre llegó cuando Oscar Lucas Santiago decidió independizarse y abrir su propia heladería, junto a sus hijos Lucas y Sebastián.

Ese local fue el germen de Grido. La primera fábrica, de apenas 50 metros cuadrados, combinaba producción industrial con sabor artesanal. El proyecto nació bajo el nombre Criko, pero un error no menor obligó a cambiarlo: el nombre ya estaba registrado por Nestlé. La solución fue mínima pero definitiva: Criko pasó a ser Grido, una marca que luego se volvería masiva. “Aprendí la lección: hay que registrar todo”, reconoció Sebastián Santiago años después.

El modelo de franquicias fue clave desde el inicio. La primera abrió en 2000 en barrio Alberdi y ese mismo año se sumaron otras diez. Para 2001 ya había 50 puntos de venta en Córdoba Capital. La propuesta calzó perfecto en un contexto de alto desempleo: pequeños inversores que buscaban autoempleo y una marca que no requería grandes capitales iniciales.

La expansión fue acelerada. En una década superó las 900 franquicias, amplió su planta productiva a 6000 metros cuadrados en el Parque Industrial Ferreyra y se extendió por todo el país. También dio el salto regional con presencia en Chile y Uruguay, y más tarde en Paraguay, con planes de desembarco en Perú.

En paralelo, Grido fortaleció su portafolio con alianzas de cobranding: lanzó productos junto a Mondelez (Milka y Oreo), Pepsico (Toddy) y Cadbury. No obstante, el crecimiento también tuvo sobresaltos. En 2012 los dueños fueron acusados de evasión fiscal por $200 millones, causa que fue reabierta por Casación Federal en 2017.

Con el tiempo, la compañía decidió ganar espacio más allá del freezer. En 2014 lanzó pizzas congeladas bajo la marca Frizzio, a las que luego sumó pollo rebozado, bastones de mozzarella, yogures y pastas frescas, con planes de incorporar tartas y papas fritas.

En su vigésimo aniversario, Grido renovó su imagen con un objetivo claro: dejar de ser solo una heladería para convertirse en una marca alimenticia integral. Hoy su planta tiene capacidad para producir 75 millones de litros de helado por año y en 2020 incluso fue mencionada como posible soporte logístico para almacenar vacunas contra el COVID-19, gracias a su red de cámaras de frío y franquicias distribuidas en todo el país.

De un nombre mal registrado a un negocio millonario, Grido convirtió el helado barato en una plataforma de expansión industrial.

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