La construcción modular e industrializada dejó de ocupar un lugar periférico dentro del mercado inmobiliario para convertirse en uno de los segmentos con mayor proyección de crecimiento. El déficit habitacional crónico, el encarecimiento de la obra tradicional y la necesidad de reducir tiempos de ejecución explican por qué este sistema se perfila como uno de los principales motores de la vivienda residencial hacia 2026.
“La Argentina arrastra desde hace décadas un déficit habitacional que no se puede resolver vivienda por vivienda”, señaló Juan Pablo Rudoni, representante de la Cámara Argentina de la Construcción Modular Industrializada (CACMI). En ese marco, explicó que la clave está en la capacidad industrial, la estandarización de procesos y el control de calidad, factores que permiten escalar soluciones habitacionales de forma eficiente.
A diferencia de la construcción convencional, donde los plazos y los presupuestos suelen verse afectados por el clima, la disponibilidad de mano de obra o cambios durante la ejecución, la construcción modular permite definir de antemano precio, alcance y tiempos. “La ventaja no siempre está en ser más barata por metro cuadrado, sino en evitar sobrecostos y extensiones de plazo frecuentes en la obra tradicional”, subrayó Rudoni.
Uno de los principales diferenciales del sistema es el tiempo. Gran parte del proceso se realiza en fábrica, con controles de calidad permanentes y producción en paralelo a la preparación del terreno. Una vivienda estándar puede completarse en un plazo total de entre 90 y 120 días, mientras que el tiempo efectivo en obra puede ser inferior a un mes en unidades de alrededor de 50 m².

Desde Wellmod, su CEO y fundador, el arquitecto Marcelo Palmero, explicó que la industrialización permite solapar procesos, replicando esquemas propios de la industria automotriz. “Trabajamos con líneas de producción y proveedores que entregan componentes bajo un esquema just in time, lo que nos permite terminar módulos completamente equipados en plazos inalcanzables para la construcción tradicional”, afirmó.
En términos de costos, los valores varían según el sistema constructivo, el nivel de terminaciones y la logística. Una vivienda modular de 50 m² se ubica hoy entre u$s65.000 y u$s90.000, lo que representa un rango de entre u$s1.300 y u$s1.800 por metro cuadrado. El equipamiento interior, la calidad de la envolvente y la distancia de traslado son variables determinantes en el precio final.

Palmero detalló que en el mercado conviven distintos sistemas, desde woodframe con costos más bajos hasta steelframe y estructuras metálicas de mayor valor. En el segmento premium, Wellmod opera con precios promedio de u$s1.300 a u$s1.500 por m², con terminaciones de alto nivel. En la misma línea, Leandro Seoane, socio fundador de Place.ar, adelantó que la firma proyecta para 2026 el lanzamiento de un catálogo de viviendas modulares desde u$s1.200 por m², con foco en diseño y diversidad de configuraciones.
Además de los tiempos y la previsibilidad, la eficiencia y la sustentabilidad aparecen como ventajas centrales. La producción en planta reduce desperdicios, optimiza recursos y minimiza el impacto ambiental en el sitio de obra. En cuanto a materiales, los sistemas actuales no presentan restricciones frente a la construcción tradicional, tanto en exteriores como en interiores, siempre que se apliquen con la técnica adecuada.
En el plano técnico y normativo, los especialistas recomiendan prestar atención a la ingeniería estructural, la calidad de la envolvente térmica y acústica, la logística y las garantías ofrecidas. Palmero destacó que varias jurisdicciones comenzaron a actualizar sus reglamentos, y mencionó a Córdoba como un caso donde la construcción en seco ya es considerada tradicional. También resaltó el avance del financiamiento, con líneas específicas para viviendas industrializadas ofrecidas por entidades como el Banco Hipotecario.
Para los referentes del sector, la construcción modular no responde a una moda coyuntural. “Es una evolución natural de la industria”, afirmó Rudoni. En un escenario de necesidad habitacional creciente y limitaciones del modelo tradicional, la capacidad de producir más viviendas en menos tiempo se vuelve un factor decisivo. “La construcción modular permite escalar, algo que la obra convencional no logra con la misma velocidad”, concluyó Seoane.












