Su proyección nacional coincide con una de las reformas más profundas que encaró su municipio: un cambio integral del sistema tributario que apunta a simplificar, ordenar y reducir cargas impositivas para comercios, monotributistas y vecinos. La iniciativa —enviada al Concejo Municipal para entrar en vigencia en 2026— elimina más de 150 tasas, sellados y cargos administrativos, fija un régimen simplificado para monotributistas con un DReI mensual de $11.500 y establece el congelamiento de la TGI durante todo el próximo año.
La medida también contempla la eliminación de adicionales comerciales, la reducción del 10% en la Tasa Red Vial, el fin de costos de desinfección, menores valores de habilitaciones y beneficios para jubilados, junto a una reducción de hasta el 50% en intereses de convenios de pago. El oficialismo local sostiene que la reforma responde a una lógica de “modernización, alivio fiscal y simplificación”, y forma parte de una gestión que mantuvo superávit y orden financiero en los últimos ejercicios.
En paralelo, en la mesa nacional del radicalismo destacan justamente ese tipo de señales: gestión con resultados, lectura moderna del Estado municipal y capacidad de ordenar sistemas complejos. Por eso Chiarella aparece hoy como el dirigente capaz de sintetizar un recambio generacional dentro de la UCR, combinando territorio, trayectoria y una agenda que dialoga con la demanda social por reglas más simples y previsibles.
La definición llegará en el plenario de delegados del Comité Nacional, donde se renovarán las autoridades partidarias. Salvo sorpresas de último momento, Chiarella quedará consagrado como el nuevo presidente del radicalismo, llevando a la conducción nacional una impronta de gestión que ya comenzó a mostrar resultados concretos en su ciudad.












