En los últimos años, la escena gastronómica empezó a correrse unos kilómetros de los centros urbanos. A la sombra de grandes ciudades como Rosario, localidades cercanas exploran formatos más descontracturados, con espacios abiertos y menos ruido. En Pérez, esa tendencia encontró un escenario particular: el casco ferroviario del Club Social y Deportivo Bartolomé Mitre.
Allí funciona “El Encuentro”, una vermutería que abre de miércoles a domingo, de 18 a 1, y que no exige ser socio para ingresar. La propuesta se apoya en un diferencial claro: amplitud, verde y espacios al aire libre, una alternativa frente a los bares céntricos saturados.
El edificio —fundado en 1925 y vinculado en sus orígenes al Ferrocarril Central Argentino— conserva techos altos de chapa, madera a la vista y galerías amplias que funcionan como transición natural entre el interior y el exterior. La intervención fue mínima: barra, iluminación puntual y algunos detalles contemporáneos que conviven con el mobiliario tradicional. La arquitectura no es telón de fondo, sino parte de la experiencia.
La terraza —con vista a las canchas de tenis y rodeada de árboles añosos— se convirtió en uno de los puntos más buscados. El diseño prioriza mesas espaciadas y circulación cómoda, fomentando el “veredear” relajado. En un predio de 65 hectáreas donde conviven golf, fútbol, tenis, hockey, natación y básquet, el clima es más de club que de corredor gastronómico.

La carta acompaña ese espíritu clásico. El vermut es protagonista, con etiquetas tradicionales como Cinzano, Cynar, Carpano, Gancia, Ramazzotti, La Fuerza y Belgrano, además de tragos como Negroni, Aperol Spritz y Fernet con Coca. También hay cervezas, vinos y sidras.
La cocina sigue una lógica de bodegón: tablas de fiambres y quesos, empanadas, tortilla de papa, milanesas, cazuelas y focaccias, junto a platos más contundentes como napolitanas con papas fritas y bondiola a la mostaza. Para el cierre, clásicos como flan casero y budín de pan.
Con estacionamiento libre y gratuito, la propuesta busca captar tanto a vecinos de la zona como a público de otras localidades que elige cruzar unos minutos para cambiar de ritmo. En tiempos donde muchos bares de las grandes ciudades funcionan al límite de su capacidad, la expansión hacia ciudades cercanas aparece como una alternativa que combina patrimonio, aire libre y una experiencia social más relajada.












